Por Farit Cajar Martinez
La Universidad del Atlántico ha vivido momentos difíciles marcados por la corrupción, la politiquería y la intromisión de clanes familiares en la elección de sus rectores. Sin embargo, desde el año 2021, con la llegada del profesor Danilo Hernández Rodríguez a la rectoría, comenzó una etapa distinta: una universidad con gobernabilidad, inclusión, proyección social, estabilidad económica, transparencia administrativa y avances académicos significativos.
Los resultados hablan por sí solos. Programas acreditados de alta calidad, presencia en escenarios internacionales, y una universidad que hoy se cuenta entre las diez mejores del país. El alma mater dejó de ser una institución golpeada por la politiquería para convertirse en un referente de excelencia académica en Colombia, América Latina y el Caribe, un faro del Caribe que irradia ciencia, arte, cultura y oportunidades.
Culminado el periodo rectoral del profesor Danilo Hernández, la comunidad universitaria —profesores, estudiantes, trabajadores, egresados, administrativos y sindicatos— reconoció en él a un líder académico que transformó positivamente la institución. Por ello, más de 9.800 miembros de la comunidad promovieron la modificación democrática del parágrafo 1 del artículo 29 del Estatuto General para permitir la reelección consecutiva del rector. Con ello se garantizó la participación libre y equitativa de todos los aspirantes.
En la consulta interna realizada el 2 de octubre de 2025, los resultados mostraron el respaldo mayoritario hacia Danilo Hernández (6.345 votos), seguido de Álvaro González (3.996), Leyton Barrios (3.496), Wilson Quimbayo (3.349) y Alcides Padilla (967).
Un ejercicio democrático y ejemplar que reflejó la voz de la comunidad académica.
No obstante, surgieron denuncias sobre presuntas irregularidades en la inscripción del señor Leyton Barrios, relacionadas con el cumplimiento de los requisitos exigidos por el Acuerdo Superior No. 00001 del 23 de julio de 2021, particularmente en materia de experiencia docente universitaria y administrativa.
Estas denuncias fueron acompañadas de inconsistencias en las certificaciones aportadas y de cuestionamientos públicos sobre su validez, como lo advirtió el presidente del sindicato SINTRADEUA, Jaime Ivan Borrero Samper, en distintos escenarios institucionales.
En ese contexto, muchos se preguntan:
¿Por qué el Comité de Credenciales avaló una inscripción tan cuestionada?
¿Por qué el Consejo Superior ignoró las advertencias sobre los documentos presentados?
El Comité Electoral trasladó el caso a la Subdirección de Inspección y Vigilancia del Ministerio de Educación Nacional, advirtiendo la necesidad de suspender la elección hasta aclarar los hechos. Sin embargo, el proceso continuó.
Pese a las observaciones y a un comunicado del Ministerio fechado el 26 de octubre de 2025 (Radicado No. 2025-EE316137), el Consejo Superior Universitario, convocado por el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, sesionó de manera extraordinaria el 27 de octubre y eligió a Leyton Barrios como rector, en medio de denuncias públicas, tutelas en curso y reclamos de la comunidad universitaria.
Esta decisión, adoptada con celeridad y sin garantías plenas para todos los aspirantes, levantó legítimas dudas sobre su transparencia y su conformidad con los principios de mérito, equidad y legalidad que deben regir los procesos universitarios.
Las razones que explican esta insistencia van más allá de un simple nombramiento. Para algunos sectores, se trata de un intento de repolitizar la Universidad del Atlántico, de devolverla a las manos de intereses ajenos a la academia y contrarios al bienestar colectivo.
Existen versiones que apuntan a que la elección responde a alianzas políticas y cuotas de poder, buscando mantener el control sobre los recursos, los contratos y las decisiones institucionales.
Y es precisamente aquí donde la comunidad universitaria debe mantenerse alerta. La historia enseña que cuando la política partidista captura la universidad, se debilita la autonomía, se vulneran los derechos laborales y se afecta la esencia académica.
Ya lo vivimos en el pasado, con administraciones que dejaron heridas profundas: despidos masivos, persecuciones, nombramientos por conveniencia y silencios cómplices.
Por eso hoy, más que nunca, debemos decir con claridad:
que se repita lo bueno, no lo malo.
Que se repita la estabilidad, la transparencia, la inclusión y el mérito.
Que se repita la universidad que crece con dignidad, no aquella que se arrodilla ante el poder político.
Que se repita la defensa de la academia y de los trabajadores, no el sometimiento.
La comunidad académica ha demostrado que no será indiferente. Los estudiantes, históricamente, han sido la conciencia crítica de la universidad y del país. Cuando las instituciones se desvían, ellos las devuelven a su cauce, con movilización, con palabra y con dignidad.
La Universidad del Atlántico no volverá a ser vasalla de ningún clan político ni laboratorio de corrupción.
Hoy, más que nunca, la academia se respeta y la dignidad no se negocia.
Nota editorial:
Este texto corresponde a una columna de opinión firmada por su autor. Las ideas aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del docente y no comprometen la posición institucional de SINTRADEUA.
