Por: Jaime Ivan Borrero Samper
Hubo un instante en que el mundo se detuvo, cuando tus ojos me miraron con deseo y tu voz, suave pero firme, me dijo; tu entiendes lo que quiero, tu eres inteligente.
Yo lo supe: ardías por mí, como yo ardía por ti.
Salimos una vez, la ciudad parecía un secreto compartido, y entre palabras sencillas latía un fuego imposible de disimular.
Pero fui cobarde.
Me escondí detrás del miedo, cuando lo que pedía la vida era arrojarme a tus brazos y dejar que la pasión dijera la verdad que los labios callaban.
Hoy, en silencio, la memoria me recuerda que no siempre se vuelve a tocar la puerta del deseo.
Y sin embargo, aunque el tiempo nos arrastre, allí quedará tu mirada, ese instante perfecto, como una herida hermosa, como un secreto que arde y nunca se apaga…
Quizás.