
POR GASPAR HERNADEZ CAAMAÑO
La Colombia de este siglo sabe ya que es marcar NO y que es rayar SI, lacónicamente, sobre una papeleta electoral. Pero no sabe las implicaciones de un plebiscito como mecanismo de participación política en una democracia constitucional. Lo afirmo ante el resultado del domingo cuando fuimos convocados para ratificar si deseamos el amor o el horror. Quedamos empatado, pero enlagunado.
Preferimos seguir polemizando pues es tradición nacional vencer o morir. Por algo nuestro nobel de poesía macondiana, los suecos (los más democráticos del mundo) se lo otorgaron al creador del General Aureliano Buen día por haber combatido en 32 guerras y querer seguir peleando. No hemos superado los «Cien Años de Soledad». Todavía no hemos aprendido el mensaje impreso en los nuevos billetes de 50 mil barras, que a la letra dice: «Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.
Por qué seguimos discutiendo sobre el marasmo del horror? Respondo. Porque la escuela no nos ha enseñado a amar, menos a amarnos. Así de sencillo. 25 años después de la consagración del amor como un derecho constitucional y un deber legal, aún padres, madres y maestros no saben qué es El Amor. Es más no se han sentado a leer, simplemente leer, el artículo 44 de la Constitución ni el artículo 1o. del Código de la niñez. Qué horror, es qué tampoco sabemos leer?
Frente a los resultados de las urnas del pasado domingo de Octubre, no tengo otra opción que seguir insistiendo que es MEJOR HABLAR DE AMOR. Y los convoco a que cada sábado hagamos un PLEBISCITO AMOROSO. Que no gastemos más tiempo discutiendo con políticos, sean guerrilleros o parlamentarios, y nos demos un fuerte abrazo de hermanos. Solo al horror lo vence el amor. He dicho: NO o SI, ni SI o NO. Sólo amor. Y él exige dos. SI. Pero NO. dame esa mano, hermano!.
